Historia
de una fruta

Llegado de China por la ruta de la seda, el ciruelo se establece en toda la cuenca mediterránea bajo el impulso de los Griegos y de los Romanos. El secado al sol o en los hornos de pan, según las regiones, se utiliza ampliamente en las regiones para hacer ciruelas pasas. La ciruela pasa es un fruto secado, con un alto valor nutricional, que se conserva durante mucho tiempo, tanto para las necesidades alimentarias, durante las malas temporadas, como para los largos viajes en caravanas o por mar. La ciruela pasa es conocida desde la antigüedad por sus virtudes nutricionales, dietéticas y medicinales. Está recomendada por los médicos griegos, romanos y árabes. Numerosos autores hablan de esto en sus obras: Archilochus Pollux, Virgilio, Plinio el Viejo, Jenofonte, Hipócrates, Galeno, Discórides, Paladius Rutilius Taurus, Avicenas, Ibn Al Beithar, Cohen Al Attar, Mesué Damascae,...
En Galia, es en la primera provincia romana, denominada la Marbonesa, que se extendía hasta el Quercy actual, a las puertas del Agenais, donde los romanos plantaron diversas variedades de ciruelas, entre las cuales, la ciruela de Saint Antonin, denominada igualmente ciruela Maurine, pequeña ciruela azul, sin duda la más antigua y la más extendida, la cual producía una ciruela pasa muy negra y de pequeño calibre.

En el siglo XII, al volver de la IIIª Cruzada, los monjes Benedictinos de la Abadía de Clairac, en el valle del Lot (entre Agen y Villeneuve), tuvieron la idea de injertar ciruelos locales con nuevos plantones de ciruelo de Damasco traídos de Siria. Crean así una nueva variedad de ciruelas, denominada Ciruela de Ente (del francés antiguo enter, que dignifica injertar).

Esta nueva variedad, de piel fina y un bonito color azul-morado con pruina blanca (fina capa cerosa de polvo) se adaptó perfectamente a las tierras del Sudoeste, a su clima y a las condiciones de secado. La nueva ciruela pasa resultante es de gran calibre, con sabores y aromas delicados. ¡Había nacido la futura ciruela pasa de Agen! Gracias a su puerto sobre el río Garonne, Agen se convirtió en la principal ciudad de las expediciones de ciruelas pasas. Se embarcaban en gabarras, pequeños barcos de vela o remolcados desde la orilla, que transportaban por el río Garonne las mercancías hacia Burdeos, donde se transbordaban a barcos adaptados para la navegación por mar. Dado que las ciruelas pasas llevaban el sello con el nombre del puerto de embarque de origen, se las conocía bajo la denominación de Ciruelas pasas de Agen.

Durante el invierno de 1709, un frío terrible destruyó un gran número de ciruelos. Las huertas se plantarán más tarde al oeste, en la región del Villeneuvois y del Agenais, reputada por ser menos fría, en las tierras arcillo-calizas de la Guyenne y de la Gascogne, haciendo de esta región del Sudoeste, a lo largo de los valles y las laderas de los ríos Garonne y Lot, la tierra de elección para el cultivo de la ciruela pasa de Agen.

Energética, rica en fibras, minerales y vitaminas, fácil de almacenar, la ciruela pasa de Agen conocerá un considerable apogeo desde el siglo XVII hasta finales del siglo XIX. La ciruela pasa de Agen siempre ha formado parte de los avituallamientos de la marina de vela en tiempos de la Marina Real y, más tarde, de la marina mercante a vapor. Embarcada como provisión de a bordo para los grandes viajes, la ciruela pasa de Agen dará la vuelta al mundo más allá de los mares y de los océanos, por todos los continentes. Los marinos la apreciaban por su sabor y sus cualidades nutricionales. Mezclada a una preparación para flan, compuesta de huevos, harina y azúcar, los marinos crearon así la famosa receta del far bretón con ciruelas pasas.